El
autismo.
La
palabra autismo, del griego auto-, de autós, 'propio, uno
mismo', fue utilizada por primera vez por el psiquiatra suizo Eugenene Bleuleren un tomo del American Journal of Insanity,
en 1912.
El autismo es un espectro de
trastornos caracterizados por graves déficits del desarrollo, permanente y profundo. Afecta la socialización, la comunicaciòn, la imaginación, la planificación y la reciprocidad
emocional, y evidencia conductas repetitivas o inusuales. Los síntomas, en
general, son la incapacidad de interacción social, el aislamiento y las
estereotipias (movimientos incontrolados de alguna extremidad, generalmente las
manos). Con el tiempo, la frecuencia de estos trastornos aumenta (las actuales
tasas de incidencia son de alrededor 60 casos por cada 10.000 niños); debido a
este aumento, la vigilancia y evaluación de estrategias para la identificación
temprana, podría permitir un tratamiento precoz y una mejora de los resultados.
Su origen
obedece a una anomalía en las conexiones neuronales que es atribuible, con
frecuencia, a mutaciones genéticas. Sin embargo, este componente genético no siempre
está presente, ya que se ha observado que los trastornos que sufre una persona
autista pueden tener un componente multifactorial, dado que se ha descrito la
implicación de varios factores de riesgo que actúan juntos. Los genes que
afectan la maduración sináptica están implicados en el desarrollo de estos
trastornos, lo que da lugar a teorías neurobiológicas que determinan que el
origen del autismo se centra en la conectividad y en los efectos neuronales
fruto de la expresión génica. Hay varios tratamientos pero no todos ellos se
han estudiado adecuadamente. Las mejoras en las estrategias para la
identificación temprana de la enfermedad que utilizan tanto las características
fenotípicas como los marcadores biológicos (por ejemplo, cambios, electro-fisiológicas)
podrán mejorar la efectividad de los tratamientos actuales.2
El bebé autista
puede pasar desapercibido hasta el cuarto mes de vida; a partir de ahí, la
evolución lingüística queda estancada, no hay reciprocidad con el interlocutor,
ni aparecen las primeras conductas de comunicación intencionadas (miradas,
echar los brazos, señalar...).
Se estima que
el autismo afecta en promedio a cuatro de cada 10 000 personas,
dependiendo del criterio de diagnóstico usado. En Estados Unidos, de cada 150
niños, uno es diagnosticado con autismo. En el estado de Oregón, se diagnostica
que, de cada 88 niños, uno sufre de autismo. Se cree que la incidencia está en
aumento, pero no está claro si se debe a un aumento real de casos o simplemente
a un mayor número de diagnósticos. El autismo afecta cuatro veces más a
los hombres que a las mujeres, y se puede encontrar en todo el mundo, sin
importar etnia o cultura.
El autismo
varía grandemente en severidad. Los casos más severos se caracterizan por una
completa ausencia del habla de por vida y comportamientos extremadamente repetitivos,
inusuales, autodañinos y agresivos. Este comportamiento puede persistir durante
mucho tiempo y es muy difícil de cambiar, lo cual es un reto enorme para
aquellos que deban convivir con estas personas, atenderlas o educarlas. Las
formas más leves de autismo (típicamente, "autismo de alto
rendimiento") pueden ser casi imperceptibles y suelen confundirse con
la timidez, falta de atención o excentricidad. Cabe notar que una persona autista
puede ser de alto funcionamiento en ciertas áreas y de bajo funcionamiento en
otras. Por ejemplo, existen personas autistas que carecen de habla pero pueden comunicarse por escrito muy elocuentemente.
La
clasificación médica del autismo no ocurrió hasta 1943, cuando el Dr.Leo Kanner, del Hospital John Hopkins, estudió a un grupo de 11 niños e introdujo la
caracterización autismo infantil temprano. Al mismo tiempo un
científico austriaco, el Dr. Hans Asperger, utilizó
coincidentemente el término psicopatía autista en niños que exhibían
características similares. El trabajo del Dr. Asperger, sin embargo, no fue
reconocido hasta1981 (por medio de Lorna Wing),
debido principalmente a que fue escrito en alemán.
Las
interpretaciones del comportamiento de los grupos observados por Kanner y
Asperger fueron distintas. Kanner reportó que 3 de los 11 niños no hablaban y
los demás no utilizaban las capacidades lingüísticas que poseían. También notó
un comportamiento auto-estimulatorio y "extraños" movimientos en
aquellos niños. Por su lado, Asperger notó, más bien, sus intereses intensos e
inusuales, su repetitividad de rutinas y su apego a ciertos objetos, lo cual
era muy diferente al autismo de alto rendimiento, ya que en el experimento de
Asperger todos hablaban. Indicó que algunos de estos niños hablaban como
"pequeños profesores" acerca de su área de interés, y propuso la
teoría de que para tener éxito en las ciencias y el arte uno debía tener cierto
nivel de autismo.
Aunque
tanto Hans Asperger como Leo Kanner posiblemente
observaron la misma condición, sus diferentes interpretaciones llevaron a la
formulación del sindrome de Asperger (término utilizado por Lorna Wing en una
publicación en 1981), lo que lo diferenciaba al autismo de Kanner.
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